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domingo, 29 de septiembre de 2013

Bria

Era una mañana de verano. Esas mañanas que te despiertan porque los rayos más traviesos del sol se meten por huequitos insignificantes. El minino estaba encariñado con esos rayos que le calentaban la pancita y podía dormir a gusto.

A pesar de la calma que se veía en la calle, a pesar de la brisa suave y tibia, a pesar de saber que el desayuno ya estaba listo y que sólo tenía que entrar a la ducha donde el agua precisamente agradable al tacto la estaba esperando para limpiar su cuerpo. 

Ella solo sentía la angustia maldita que sólo las mujeres sentimos luego de hacer lo prohibido, luego de no haber cuidado lo valioso y haberlo entregado todo a quien no lo merecía. Esa sensación de querer retroceder el tiempo y ver que sólo avanza, esa frustración de no hacer real lo que en mente se puede hacer tan fácilmente.

Bria se sentía traicionada y no hay peor traición que la que una misma se hace, es decir, Bria se prometió no hacer muchas cosas... desde la fiesta de Andrés que fue perdición total. Es por ello que esa mañana tan linda y motivadora ella no sentía ni pizca de emoción, solo quería caer en coma o tener un sueño muy profundo que no la despertara en días, semanas o meses!. Pero ¿Qué fue lo que paso?

Resulta que Bria como a las 3 de la tarde de un 18 de Enero decide salir con sus amigas de la Universidad a quienes no veía seguido porque las clases ya habían terminado y estaban de vacaciones. Kenia, una chica alta, morena y de cabello muy ondulado le había dicho que se presentaría un grupo musical de rock en un antro de mal vivir donde pasaban buena música. Bria ama el rock así que acepta ir. Luego se les sumo Analú, en realidad se llama Ana Lucia pero la gente le dice Analú como para ahorrar letra. Ya bueno, ella era muy bonita, bonita en el sentido de que parecía modelito de revista (y lo era), esa típica belleza comercial de la cual los chicos babean y dicen "ptm!! yo quiero una flaca así" y luego se quejan porque no aguantan las superficialidades (Oe brother si quieres salir con una modelo y no quieres que te hable de ropa o maquillaje o Robert Pattinson oseeeeeaaaaaaaa???). 

Debido a que aún era temprano fueron a casa de Kenia para el dichoso "previo" como le dicen. Ya dentro Kenia saca la bebida celestial del mini bar de su padre (era un ron obviamente), así que se comienzan a beber y hablar de los últimos chismes de la Universidad y uno que otro rumor de los amigos famosos de Analú.
Después de unas horas y dos botellas de ron, se dio el momento depresivo donde Bria explota, comenzando a renegar y mandar a la mierda a cuanto ex tuvo y cuanto ex tendría, maldijo sus amores pasados y futuros, maldijo tan intensamente que Analú y Kenia se miraron y sólo se les ocurrió abrazarla de pena.

Ya eran como las 11 de la noche y el tiempo entre chicas se acabó; Kenia dice “es la hora de la melodía” así que ya no tan ebrias comenzaron a arreglarse para ir al pub a escuchar a la bandita de rock que Kenia estaba tan excitada por escuchar... o ver.

Bria, al inicio no se sentía a gusto con el lugar, había mucha gente fumando y tomando, uno que otro pelucón tatuado, chicas con mayas negras, ojos claros hasta oscuros marcados con lápiz negro y en "lo oscurito" tipas besándose. Se pidieron unos tragos de bonitos colores para animarse un poco, mientras que sobre el escenario, el personal del pub instalaba todo para la tocada.

Analú y Bria entendieron el por qué de la emoción de Kenia cuando salieron los chicos de la banda. Eran tipos delgados de 1.70 a 1.80 cm, la soltura con la que caminaban, la forma de sus cuerpos, esas espaldas encorvadas, esos cabellos alborotados, los tatuajes y la ropa que usaban era manjar para toda groupie. 
Cuando comenzaron a tocar, el vocalista dio a conocer su voz grave y profunda, era una voz tan varonil que no había duda que toda chica presente estaba al borde del orgasmo... es una cuestión primitiva.

Kenia estaba en primera fila adorando a los músicos mientras que Bria sólo miraba a su alrededor pidiendo auxilio mentalmente y Analú ya estaba con un grupo de chicos que la idolatraban. Era un lugar chico y al parecer todo el mundo se conocía, Bria se sentía fuera de onda a pesar de las bebidas y la música, así que decide salir a tomar aire. 

"Antro de mierda, ¿Qué rayos hago aquí?" 

Era una imagen patética: una chica de camisa a cuadros, pantalón negro, botas y un collar valioso sentada fuera de un pub algo ebria y fastidiada. Metió la cabeza entre las piernas y espero morir en ese momento.

De repente Kenia y Analú salen acompañadas del lugar y ni se percatan que Bria estaba sentada por ahí.

Quizás el comportamiento de Kenia y Analú sea justificable por el alcohol, por la excitación y por la emoción de la aventura, así que a Bria no le quedo de otra que pararse y hacer lo mejor que sabe hacer... caminar sin rumbo.

Felizmente la zona no era insegura, habían veredas amplias y vigilancia nocturna por lo que caminó y caminó sin sentirse mal de que sus “amigas” la hayan dejado.

Entre calle y calle encuentra una café de 24 horas donde decide tomarse uno para bajar las revoluciones, el vendedor le pregunta si se encuentra bien a lo que ella responde con una mueca. Ya sentada en un mueble cómodo toma el café lentamente, disfrutando el olor y el amargo sabor. Un varón de tez clara, barba abundante y ojos negros le pregunta si le puede hacer compañía, pero Bria no estaba de humor, por lo que lo rechaza amablemente.

"Seguro es un violador - descuartizador o fácil es un puto que cree que caeré fácilmente".

Ay Bria!

Su casa no estaba muy lejos pero ella opta por el camino largo, en este caso no había lobo feroz así que no tenía nada que perder. En medio del camino, se ve la escena más cliché de novela romántica corta venas: un chico de aproximadamente 25 años, alto, delgado, cabello corto pero ondulado, lentes hipster y ropa negra estaba parado frente a una casa, tenía una rosa blanca en las manos y parecía que esperaba que una chica saliera, quizás su enamorada. Bria se conmueve al ver aquella escena y piensa en lo estúpido que es "el amor", en lo estúpidos que son los detalles y las cursilerías que nunca nadie hizo por ella.

Al pasar por donde estaba el muchacho no puede evitar mirarlo y preguntarle:

- ¿Es necesario?
El muchacho se sobresalta y sorprendido le contesta
- Mmmm, a veces.
- Pfffff, ¿Hace cuanto tiempo estas parado aquí con eso en las manos?
- Un par de horas nada más.
-¿Y vale la pena?
- Créeme no estaría parado aquí si no lo valiera.
- Suerte con ello entonces.

Bria sigue su camino y se pone los audífonos para acompañarse de música... a veces la música es mucho mejor compañía que una persona.

Estaba en la mejor parte de una de sus canciones favoritas cuando el chico de la rosa blanca aparece a su costado, ella se asusta, se quita los audífonos y le pregunta: 

- ¿Qué pasa?
- Me canse de esperar
- Okeeey, no te conozco.
- Yo tampoco pero ya que me hablaste y vi por donde ibas algo me dijo que te siga.
- ¿Algo? 
- La curiosidad
-Eso no es bueno, como dicen la curiosidad mato al gato así que aléjate.
-Jajaja, no creo que seas peligrosa, ¿Cómo te llamas?
-¿Qué te hace pensar que te diré mi nombre?
- Yo puedo darte el mío, soy Ítalo.
- ¿Y cómo sé que ese es tu nombre real?

 
Ítalo saco su documento de identidad de una billetera con pega - pega y se lo mostró:

-¿Ahora me crees?

Bria miro el documento y pensó en no seguir con la mala leche, había sido una noche de renegadas y quizás esta conversación podría resultar amena.

- Que me muestres tu documento de identidad no significa que sea verdad, puede ser falso, pero no tengo ánimos de andar con paranoias, así que mucho gusto Ítalo, me llamo Bria.
-Me gusta tu nombre, no me parece común.
-¿A todas les dices eso?
- Solo a las chicas de nombres raros.
-Raros, esa palabra me suena tan común.
-¿Por qué me hablaste?
-Porque me pareció una imagen demasiado cliché de novela romántica corta venas el verte parado ahí con tu rosita.
-A bueno si, lo vi en una película.
-Ag, encima no tienes creatividad.
-Hey, a veces es bueno algo de inspiración.
-Mmmm, y ¿Por qué una rosa blanca?
-Porque quiero paz con ella.
-Supongo que amor sobra jajaja
-No.
-¿No?
-Ella es mi ex, sólo quiero su amistad pero antes de tener eso tenemos que estar en paz.
- Interesante. ¿Por qué ya no están? Si se puede saber claro.
-Eres una desconocida, creo que no me da temor contarte, quizás ni te vuelva a ver.
-Bueno dale.
-A ella le cansó la rutina, se aburrió de la monotonía,  se cansó del mismo pito y se busco unos cuantos.
-Vaya, ¿y tu normal?
-Obviamente que no, me afecto un montón pero antes de ser mí novia fue mi amiga y sabía que estaba loca, claro que no justifica lo que hizo pero yo también no debí confiar en alguien que no es digno de confianza…. Esta es mi casa.

Ítalo se había quedado parado frente a una casa de paredes color verde hoja. Bria hizo ademán de seguir su camino pero él la invita a pasar.

-¿Por qué no entras un rato y terminamos de conversar?
-No, no te conozco y eso si me parece peligroso.
-Por Dios ¿Qué te voy a hacer?
-No lo sé, por eso.
-Entonces ¿nos quedamos aquí afuera a conversar?

Bria no quería regresar a casa, el estar encerrada en su cuarto sólo la haría cometer error tras error.

-Bueno, aquí afuera no está mal.
-Ok.

Se sentaron en la entrada de la casa y Bria pudo ver con más claridad el rostro de Ítalo, era un chico de sonrisa fácil, piel impecable y bonitos ojos detrás de esos lentes enormes.
Ítalo pudo ver más nítidamente a Bria: ojos marrones, cabello largo y labios rojos.

-Bria, ¿tú crees en el amor?
-¿Es-en-serio?
-¿Pasa algo?
-Son las 2 de la mañana y me preguntas sí creo en el amor, pfff. Yo no sé qué es eso, no sé si es algo que se cree o que se hace, que se siente o que se piensa.
-Estas decepcionada.
-Sí, creo que sí, no me ha ido bien con ese tema.
-Bria hace frío aquí, en serio ¿no quieres pasar?

Bria no había sentido química con un chico hace mucho tiempo, luego de las desventuras amorosas que tuvo se hizo un voto de abstinencia amorosa-sexual que no quería romper, pero Ítalo la hacía sentirse libre y predispuesta.

-Está bien, entremos, pero si intentas hacer algo fuera de lo socialmente aceptado te mataré, sé defenderme.
-Estás loca, ¿Qué me crees?
-Un desconocido.

Las paredes eran celestes, la sala contaba con muebles de cuero, una mesa de centro, luz tenue y todo muy ordenado. Él vivía solo.

-¿Vives solo?
-Así es, ¿te incomoda?
-No nada, solo que me sorprende, o sea eres joven.
-Me mude sólo por un tema de estudios, la verdad me va mejor así.

Bria se sentó en el mueble amplio e Ítalo se acomodó junto a ella lo cual le extrañó al comienzo, pero con la conversación eso paso a ser irrelevante. Ya eran las 3:30 am., y ellos estaban en la conversación más amena del mundo. Ítalo había traído de la cocina una botella de un licor suave el cual Bria no conocía pero que le gustó.

El alcohol es un buen acompañante, te brinda momentos de placer mental donde todo se ve más divertido, intensifica las sensaciones y nos desinhibe. Bria estaba más desenvuelta que nunca e Ítalo ya había olvidado la rosa blanca.

-Bria ¿te sientes bien?
-Sí, ¿por?
-Te veo muy risueña
-Es este trago, es agridulce me gusta lo agridulce.
-Tengo una botella de este mismo licor que tiene más de 100 años
-¡Andaaa! Que mentiroso, ¿cómo va a ser?
-En serio, te lo juro.
-Y ¿Dónde está?
-En mi cuarto.

Bria no es tonta y así Ítalo haya tenido las mejores intenciones del mundo, su sexto sentido le decía que si subía esas escaleras alfombradas algo sexual iba a pasar. Fue un momento de incertidumbre, Ítalo no estaba mal, en realidad estaba muy bien, pero no tenía ni puta idea de quién era… y qué? Sería la primera vez? Mmmm, si. Con un desconocido claro.

-Bueno.

Ítalo le mostró el camino a Bria la cual se tambaleaba un poco producto del alcohol, él solo se reía al ver a aquella chica inestable. Ya en su cuarto Bria pudo ver que Ítalo era un artista frustrado, tenia pinturas por doquier, libros apilados y pinceles en un tarro. Quedo fascinada con lo que veía, se sentó en la cama y miró la pared llena de cuadros de diversos tamaños.

Ítalo saco la botella de una caja con polvo que estaba encima de un estante de libros y se la dio a Bria… en efecto la botella se veía muy vieja y en la etiqueta ya ni se notaban las letras.

-Okey te creo.
-Lo ves, no tendría por qué mentirte
-Mmm será. No me comentaste que pintabas
-No suelo comentarlo, es un hobbie no algo a lo que me dedique
-Comprendo, pero te sale bien es…

Bria no termino la frase, Ítalo había comenzado a tocarle el cabello y eso la distrajo, ella no sabía qué hacer.

De repente él sostuvo su rostro y la beso.

Todos sabemos que una cosa lleva a la otra, todos sabemos que un beso entre dos personas que se atraen podría terminar en sexo. Al parecer Ítalo se había estado conteniendo ya que fue muy impetuoso al quitarle la ropa, tocarla y besarla.
Bria ya no estaba pensando, error que solía cometer durante el sexo, lo estaba sintiendo todo sin cuestionarse.

Se sentían bien, sus cuerpos se mezclaban con naturalidad parecía como si ya tuvieran un tiempo realizando la misma rutina, habían congeniado en los movimientos, había sincronía en el ritmo y en los sonidos. Juntos hacían un baile erótico muy pasional, había demasiada ansiedad en ambos y el tiempo se había puesto su favor. La sesión se torno larga, no había cuando acabar, Bria e Ítalo tenían una fuerte conexión intima, se transmitían sensaciones que ninguno de los dos había sentido antes y estas sensaciones fueron más intensas en cada movimiento, el rose fue más tenso e intenso y la fricción más rápida.

Hasta que llegaron.

Bria abrió los ojos, vio la blancura del techo y sintió el vacio en su pecho.

Ítalo ya estaba dándole la espalda durmiendo o haciéndose el dormido, ella no lo quiso saber.

Se cambio lo más pronto posible, bajo los escalones alfombrados y salió de esa casa tirando la puerta. Cuando llegó a su casa subió rápidamente a su cuarto; Minino estaba durmiendo en su cama y ni cuenta que su dueña estaba ahí. Se desvistió, se metió a su cama y lloró.

Era una mañana de verano. Esas mañanas que te despiertan porque los rayos más traviesos del sol se meten por huequitos insignificantes.

Bria dejo de mirar por la ventana, caminó hasta su espejo de pie y se vio:

Delgada, cabello largo, labios rojos, ojos marrones, marcas en el cuello…
                                                                              
Cerró los ojos con fuerza mientras se mordía los labios y recordó…


“Deje mi collar… el valioso”.


2 comentarios:

  1. Interesante relato... Me pareció haber sido yo quien haya vivido tales experiencias...

    Recuerdo claramente, tal vez, como si hubiese sido ayer... estar en el salón lúgubre, oscuro y etéreo... Mi cuerpo presente pero mi mente fuera de ese antro... Con la música estridente taladrando mis oídos y el hedor del tabaco quemado impregnándose en mis papilas... Mi mirada baja, por evitar el observar como unos jovencitos se mordían...

    Mientras mi mano jugaba con el frio vaso, de la fría bebida, dándole vueltas y sintiendo esa tosca superficie, mientras la mueca del agrio licor hacia acelerar mis ganas de volar de ese lugar... Atrapado y enclaustrado en una celda anhelando el conocer la libertad...

    Debi haberte dado la rosa Blanca, debi haber puesto música de romance en el ambiente, debi pasar los pelos de los pinceles en tu piel... Desde tus dedos de los pies de tu sombra hasta pasar a las puntas de tu silueta...

    Debi y no lo hice... Debi y lo que hice fue poco...

    Me encanto vuestra vivencia, lastima no haber sido yo, quien floreciese en ti tu animo de celibato temporal...

    Pequeña niña, lamento tu entrega pasional, candente y tórrida, y el deseo de ser querida...

    Pero mas lamento que debi haber sido yo y no estuve ahí...

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  2. Interesante vivencia, es llamativo que no tenga comentarios ni hayas aceptado el mio...

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