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lunes, 23 de septiembre de 2013

Nunca pensé compararme con una rosa.

Escribí una larga carta de emociones que no se guardó. Tengo la creencia irracional que las cosas pasan por algo y quizás puse mucho de mi que podía no ser bueno aún manifestar.

Algo que pude rescatar de la traicionera memoria que me manejo:

Hoy soy una rosa marchita 
Que tu olvido deshojó como el viento
Viento fuerte como el frío de un invierno eterno

Soy la consecuencia de tu maldad objetiva, limpia y explícita
Soy el resultado de mi subjetividad manoseada por creencias que omiten lo observable, lo obvio. 

Soy algo confuso, relativo, claro gris claro oscuro y negro. 
Soy una rosa marchita
Una rosa con coraza tallada 
Tallada de imágenes de aventuras y desventuras 

Hoy tengo una coraza bonita
Brillante y resistente... Guardará lo más importante, lo mínimo, lo valioso.
Hoy sólo soy esa rosa... 

Y no recuerdo más.

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