Era una mañana de verano. Esas mañanas que
te despiertan porque los rayos más traviesos del sol se meten por huequitos
insignificantes. El minino estaba encariñado con esos rayos que le calentaban
la pancita y podía dormir a gusto.
A pesar de la calma que se veía en la
calle, a pesar de la brisa suave y tibia, a pesar de saber que el desayuno ya
estaba listo y que sólo tenía que entrar a la ducha donde el agua precisamente
agradable al tacto la estaba esperando para limpiar su cuerpo.
Ella solo sentía la angustia maldita que
sólo las mujeres sentimos luego de hacer lo prohibido, luego de no haber
cuidado lo valioso y haberlo entregado todo a quien no lo merecía. Esa
sensación de querer retroceder el tiempo y ver que sólo avanza, esa frustración
de no hacer real lo que en mente se puede hacer tan fácilmente.
Bria se sentía traicionada y no hay peor
traición que la que una misma se hace, es decir, Bria se prometió no hacer
muchas cosas... desde la fiesta de Andrés que fue perdición total. Es por ello
que esa mañana tan linda y motivadora ella no sentía ni pizca de emoción, solo
quería caer en coma o tener un sueño muy profundo que no la despertara en días,
semanas o meses!. Pero ¿Qué fue lo que paso?
Resulta que Bria como a las 3 de la tarde
de un 18 de Enero decide salir con sus amigas de la Universidad a quienes no
veía seguido porque las clases ya habían terminado y estaban de vacaciones.
Kenia, una chica alta, morena y de cabello muy ondulado le había dicho que se
presentaría un grupo musical de rock en un antro de mal vivir donde pasaban
buena música. Bria ama el rock así que acepta ir. Luego se les sumo Analú, en
realidad se llama Ana Lucia pero la gente le dice Analú como para ahorrar
letra. Ya bueno, ella era muy bonita, bonita en el sentido de que parecía
modelito de revista (y lo era), esa típica belleza comercial de la cual los
chicos babean y dicen "ptm!! yo quiero una flaca así" y luego se
quejan porque no aguantan las superficialidades (Oe brother si quieres salir
con una modelo y no quieres que te hable de ropa o maquillaje o Robert
Pattinson oseeeeeaaaaaaaa???).
Debido a que aún era temprano fueron a
casa de Kenia para el dichoso "previo" como le dicen. Ya dentro Kenia
saca la bebida celestial del mini bar de su padre (era un ron obviamente), así
que se comienzan a beber y hablar de los últimos chismes de la Universidad y
uno que otro rumor de los amigos famosos de Analú.
Después de unas horas y dos botellas de
ron, se dio el momento depresivo donde Bria explota, comenzando a renegar y
mandar a la mierda a cuanto ex tuvo y cuanto ex tendría, maldijo sus amores
pasados y futuros, maldijo tan intensamente que Analú y Kenia se miraron y sólo
se les ocurrió abrazarla de pena.
Ya eran como las 11 de la noche y el
tiempo entre chicas se acabó; Kenia dice “es
la hora de la melodía” así que ya no tan ebrias comenzaron a arreglarse
para ir al pub a escuchar a la bandita de rock que Kenia estaba tan excitada
por escuchar... o ver.
Bria, al inicio no se sentía a gusto con
el lugar, había mucha gente fumando y tomando, uno que otro pelucón tatuado,
chicas con mayas negras, ojos claros hasta oscuros marcados con lápiz negro y
en "lo oscurito" tipas besándose. Se pidieron unos tragos de bonitos
colores para animarse un poco, mientras que sobre el escenario, el personal del
pub instalaba todo para la tocada.
Analú y Bria entendieron el por qué de la
emoción de Kenia cuando salieron los chicos de la banda. Eran tipos delgados de
1.70 a 1.80 cm, la soltura con la que caminaban, la forma de sus cuerpos, esas
espaldas encorvadas, esos cabellos alborotados, los tatuajes y la ropa que
usaban era manjar para toda groupie.
Cuando comenzaron a tocar, el vocalista
dio a conocer su voz grave y profunda, era una voz tan varonil que no había
duda que toda chica presente estaba al borde del orgasmo... es una cuestión
primitiva.
Kenia estaba en primera fila adorando a los
músicos mientras que Bria sólo miraba a su alrededor pidiendo auxilio mentalmente
y Analú ya estaba con un grupo de chicos que la idolatraban. Era un lugar chico
y al parecer todo el mundo se conocía, Bria se sentía fuera de onda a pesar de
las bebidas y la música, así que decide salir a tomar aire.
"Antro
de mierda, ¿Qué rayos hago aquí?"
Era una imagen patética: una chica de
camisa a cuadros, pantalón negro, botas y un collar valioso sentada fuera de un
pub algo ebria y fastidiada. Metió la cabeza entre las piernas y espero morir
en ese momento.
De repente Kenia y Analú salen acompañadas
del lugar y ni se percatan que Bria estaba sentada por ahí.
Quizás el comportamiento de Kenia y Analú
sea justificable por el alcohol, por la excitación y por la emoción de la
aventura, así que a Bria no le quedo de otra que pararse y hacer lo mejor que
sabe hacer... caminar sin rumbo.
Felizmente la zona no era insegura, habían
veredas amplias y vigilancia nocturna por lo que caminó y caminó sin sentirse
mal de que sus “amigas” la hayan dejado.
Entre calle y calle encuentra una café de
24 horas donde decide tomarse uno para bajar las revoluciones, el vendedor le
pregunta si se encuentra bien a lo que ella responde con una mueca. Ya sentada
en un mueble cómodo toma el café lentamente, disfrutando el olor y el amargo
sabor. Un varón de tez clara, barba abundante y ojos negros le pregunta si le
puede hacer compañía, pero Bria no estaba de humor, por lo que lo rechaza
amablemente.
"Seguro
es un violador - descuartizador o fácil es un puto que cree que caeré
fácilmente".
Ay
Bria!
Su casa no estaba muy lejos pero ella opta
por el camino largo, en este caso no había lobo feroz así que no tenía nada que
perder. En medio del camino, se ve la escena más cliché de novela romántica
corta venas: un chico de aproximadamente 25 años, alto, delgado, cabello corto
pero ondulado, lentes hipster y ropa negra estaba parado frente a una casa, tenía
una rosa blanca en las manos y parecía que esperaba que una chica saliera, quizás
su enamorada. Bria se conmueve al ver aquella escena y piensa en lo estúpido
que es "el amor", en lo estúpidos que son los detalles y las cursilerías
que nunca nadie hizo por ella.
Al pasar por donde estaba el muchacho no
puede evitar mirarlo y preguntarle:
-
¿Es necesario?
El muchacho se sobresalta y sorprendido le
contesta
- Mmmm, a veces.
- Pfffff,
¿Hace cuanto tiempo estas parado aquí con eso en las manos?
- Un par de horas nada más.
-¿Y
vale la pena?
- Créeme no estaría parado aquí si no lo
valiera.
-
Suerte con ello entonces.
Bria sigue su camino y se pone los audífonos
para acompañarse de música... a veces la música es mucho mejor compañía que una
persona.
Estaba en la mejor parte de una de sus
canciones favoritas cuando el chico de la rosa blanca aparece a su costado,
ella se asusta, se quita los audífonos y le pregunta:
-
¿Qué pasa?
- Me canse de esperar
-
Okeeey, no te conozco.
- Yo tampoco pero ya que me hablaste y vi
por donde ibas algo me dijo que te siga.
-
¿Algo?
- La curiosidad
-Eso
no es bueno, como dicen la curiosidad mato al gato así que aléjate.
-Jajaja, no creo que seas peligrosa, ¿Cómo
te llamas?
-¿Qué
te hace pensar que te diré mi nombre?
- Yo puedo darte el mío, soy Ítalo.
-
¿Y cómo sé que ese es tu nombre real?
Ítalo saco su documento de identidad de una
billetera con pega - pega y se lo mostró:
-¿Ahora me crees?
Bria miro el documento y pensó en no
seguir con la mala leche, había sido una noche de renegadas y quizás esta
conversación podría resultar amena.
-
Que me muestres tu documento de identidad no significa que sea verdad, puede
ser falso, pero no tengo ánimos de andar con paranoias, así que mucho gusto Ítalo,
me llamo Bria.
-Me gusta tu nombre, no me parece común.
-¿A
todas les dices eso?
- Solo a las chicas de nombres raros.
-Raros,
esa palabra me suena tan común.
-¿Por qué me hablaste?
-Porque
me pareció una imagen demasiado cliché de novela romántica corta venas el verte
parado ahí con tu rosita.
-A bueno si, lo vi en una película.
-Ag,
encima no tienes creatividad.
-Hey, a veces es bueno algo de
inspiración.
-Mmmm,
y ¿Por qué una rosa blanca?
-Porque quiero paz con ella.
-Supongo
que amor sobra jajaja
-No.
-¿No?
-Ella es mi ex, sólo quiero su amistad
pero antes de tener eso tenemos que estar en paz.
-
Interesante. ¿Por qué ya no están? Si se puede saber claro.
-Eres una desconocida, creo que no me da
temor contarte, quizás ni te vuelva a ver.
-Bueno
dale.
-A ella le cansó la rutina, se aburrió de
la monotonía, se cansó del mismo pito y
se busco unos cuantos.
-Vaya,
¿y tu normal?
-Obviamente que no, me afecto un montón
pero antes de ser mí novia fue mi amiga y sabía que estaba loca, claro que no
justifica lo que hizo pero yo también no debí confiar en alguien que no es
digno de confianza…. Esta es mi casa.
Ítalo se había quedado parado frente a una
casa de paredes color verde hoja. Bria hizo ademán de seguir su camino pero él
la invita a pasar.
-¿Por qué no entras un rato y terminamos
de conversar?
-No,
no te conozco y eso si me parece peligroso.
-Por Dios ¿Qué te voy a hacer?
-No
lo sé, por eso.
-Entonces ¿nos quedamos aquí afuera a
conversar?
Bria no quería regresar a casa, el estar
encerrada en su cuarto sólo la haría cometer error tras error.
-Bueno,
aquí afuera no está mal.
-Ok.
Se sentaron en la entrada de la casa y
Bria pudo ver con más claridad el rostro de Ítalo, era un chico de sonrisa
fácil, piel impecable y bonitos ojos detrás de esos lentes enormes.
Ítalo pudo ver más nítidamente a Bria:
ojos marrones, cabello largo y labios rojos.
-Bria, ¿tú crees en el amor?
-¿Es-en-serio?
-¿Pasa algo?
-Son
las 2 de la mañana y me preguntas sí creo en el amor, pfff. Yo no sé qué es
eso, no sé si es algo que se cree o que se hace, que se siente o que se piensa.
-Estas decepcionada.
-Sí,
creo que sí, no me ha ido bien con ese tema.
-Bria hace frío aquí, en serio ¿no quieres
pasar?
Bria no había sentido química con un chico
hace mucho tiempo, luego de las desventuras amorosas que tuvo se hizo un voto
de abstinencia amorosa-sexual que no quería romper, pero Ítalo la hacía
sentirse libre y predispuesta.
-Está
bien, entremos, pero si intentas hacer algo fuera de lo socialmente aceptado te
mataré, sé defenderme.
-Estás loca, ¿Qué me crees?
-Un
desconocido.
Las paredes eran celestes, la sala contaba
con muebles de cuero, una mesa de centro, luz tenue y todo muy ordenado. Él
vivía solo.
-¿Vives
solo?
-Así es, ¿te incomoda?
-No
nada, solo que me sorprende, o sea eres joven.
-Me mude sólo por un tema de estudios, la
verdad me va mejor así.
Bria se sentó en el mueble amplio e Ítalo
se acomodó junto a ella lo cual le extrañó al comienzo, pero con la
conversación eso paso a ser irrelevante. Ya eran las 3:30 am., y ellos estaban
en la conversación más amena del mundo. Ítalo había traído de la cocina una
botella de un licor suave el cual Bria no conocía pero que le gustó.
El alcohol es un buen acompañante, te brinda
momentos de placer mental donde todo se ve más divertido, intensifica las
sensaciones y nos desinhibe. Bria estaba más desenvuelta que nunca e Ítalo ya
había olvidado la rosa blanca.
-Bria ¿te sientes bien?
-Sí,
¿por?
-Te veo muy risueña
-Es
este trago, es agridulce me gusta lo agridulce.
-Tengo una botella de este mismo licor que
tiene más de 100 años
-¡Andaaa!
Que mentiroso, ¿cómo va a ser?
-En serio, te lo juro.
-Y
¿Dónde está?
-En mi cuarto.
Bria no es tonta y así Ítalo haya tenido
las mejores intenciones del mundo, su sexto sentido le decía que si subía esas
escaleras alfombradas algo sexual iba a pasar. Fue un momento de incertidumbre,
Ítalo no estaba mal, en realidad estaba muy bien, pero no tenía ni puta idea de
quién era… y qué? Sería la primera vez? Mmmm, si. Con un desconocido claro.
-Bueno.
Ítalo le mostró el camino a Bria la cual
se tambaleaba un poco producto del alcohol, él solo se reía al ver a aquella
chica inestable. Ya en su cuarto Bria pudo ver que Ítalo era un artista
frustrado, tenia pinturas por doquier, libros apilados y pinceles en un tarro.
Quedo fascinada con lo que veía, se sentó en la cama y miró la pared llena de
cuadros de diversos tamaños.
Ítalo saco la botella de una caja con
polvo que estaba encima de un estante de libros y se la dio a Bria… en efecto
la botella se veía muy vieja y en la etiqueta ya ni se notaban las letras.
-Okey
te creo.
-Lo ves, no tendría por qué mentirte
-Mmm
será. No me comentaste que pintabas
-No suelo comentarlo, es un hobbie no algo
a lo que me dedique
-Comprendo,
pero te sale bien es…
Bria no termino la frase, Ítalo había
comenzado a tocarle el cabello y eso la distrajo, ella no sabía qué hacer.
De repente él sostuvo su rostro y la beso.
Todos sabemos que una cosa lleva a la
otra, todos sabemos que un beso entre dos personas que se atraen podría
terminar en sexo. Al parecer Ítalo se había estado conteniendo ya que fue muy
impetuoso al quitarle la ropa, tocarla y besarla.
Bria ya no estaba pensando, error que solía
cometer durante el sexo, lo estaba sintiendo todo sin cuestionarse.
Se sentían bien, sus cuerpos se mezclaban
con naturalidad parecía como si ya tuvieran un tiempo realizando la misma
rutina, habían congeniado en los movimientos, había sincronía en el ritmo y en
los sonidos. Juntos hacían un baile erótico muy pasional, había demasiada
ansiedad en ambos y el tiempo se había puesto su favor. La sesión se torno
larga, no había cuando acabar, Bria e Ítalo tenían una fuerte conexión intima,
se transmitían sensaciones que ninguno de los dos había sentido antes y estas
sensaciones fueron más intensas en cada movimiento, el rose fue más tenso e
intenso y la fricción más rápida.
Hasta que llegaron.
Bria abrió los ojos, vio la blancura del
techo y sintió el vacio en su pecho.
Ítalo ya estaba dándole la espalda
durmiendo o haciéndose el dormido, ella no lo quiso saber.
Se cambio lo más pronto posible, bajo los
escalones alfombrados y salió de esa casa tirando la puerta. Cuando llegó a su
casa subió rápidamente a su cuarto; Minino estaba durmiendo en su cama y ni
cuenta que su dueña estaba ahí. Se desvistió, se metió a su cama y lloró.
Era una mañana de verano. Esas mañanas que
te despiertan porque los rayos más traviesos del sol se meten por huequitos
insignificantes.
Bria dejo de mirar por la ventana, caminó
hasta su espejo de pie y se vio:
Delgada, cabello largo, labios rojos, ojos
marrones, marcas en el cuello…
Cerró los ojos con fuerza mientras se mordía
los labios y recordó…
“Deje
mi collar… el valioso”.
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